miércoles, 7 de octubre de 2009

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE (I)

Creámoslo o no, occidente ya no es el ombligo del mundo. Querámoslo o no, es cuestión de un par de décadas que los USA y la UE sean poco más que un vagón cada vez más desvencijado en el tren del desarrollo mundial.

No se trata de que surjan potencias emergentes, aunque por supuesto el hecho de que China, India y Brasil trabajen duro para constituirse en las locomotoras de ese tren alimentándose de su cada vez mayor poder demográfico, militar y económico tiene mucho que ver. Tampoco son tan importantes factores como el que la innovación tecnológica haya dejado de ser un privilegio de estados como los europeos, Estados Unidos y Japón, por más que el que en China hayan sido capaz de desarrollar una vacuna contra la gripe A antes que nadie no es una simple anécdota. La decadencia de occidente tiene su raíz en un problema mucho más grave y profundo, encarnado en sus sociedades, propagado por su cultura e incubado desde su origen por sus políticos.

La decadencia de occidente es tan palmaria y a la vez tan negada por la mayoría que sólo puede entenderse como un virús que incapacita al enfermo para reconocer sus propios síntomas de enfermedad. Da lo mismo cuáles sean estos síntomas, el enfermo no reacciona. Que la crisis económica haya sido provocada por algunos que han obtenido beneficios multimillonarios durante muchos años y esté siendo pagada por todos los que humildemente colaboran con su trabajo diario a que la maquinaria social siga funcionando sin que se conozcan reacciones significativas de los paganos en ninguna sociedad occidental es uno de esos síntomas. Que la defensa de los derechos humanos en el mundo haya pasado a ser una excusa para presionar a aquellos dictadores que no son amigos y una mera incomodidad cuando se trata de llegar a acuerdos comerciales con ciertas tiranías es otro de esos síntomas. Que defendamos el derecho a trasponer a nuestra casa los valores de aquellos que en la suya aniquilan los nuestros es también otro síntoma.

La decadencia de occidente es, ante todo, ética: la ausencia de una finalidad moralmente aceptable en el devenir de sociedades e individuos.

Y de esto es de lo que hablaremos en próximas semanas...